“¿DIDÁCTICA DE LA SEXUALIDAD?” Álvaro Campos Guadamuz

El interés por escribir en torno al tema de la Pedagogía de la Sexualidad este tema se debe fundamentalmente a mi experiencia docente en el campo de la Didáctica de la sexualidad en la Escuela de Psicología, en donde he impartido por varios años el curso de “Sexualidad y Placer” para estudiantes de Psicología.. Una de las tesis centrales del acto educativo es que la didáctica no puede reducirse a la aplicación de técnicas cuya finalidad sea facilitar o hacer más ameno el proceso de enseñanza y el proceso de aprendizaje. Además, la estrecha vinculación entre la estructura del aprendizaje, la estructura conceptual y la estructura metodológica implica que un curso no puede reducirse a una lista de contenidos y de técnicas para su desarrollo.

La sexualidad humana es ante todo una categoría política. Esto significa que la forma como se piensa y se vive la sexualidad en cada momento histórico está en relación directa con la normativa social y con los intereses políticos e ideológicos de la sociedad. “Enseñar” o “educar” en sexualidad no es un acto neutral, supone una toma de posición política. ¿Cómo puede ser una propuesta de “didáctica de la sexualidad” tomando en cuenta tanto la naturaleza compleja de la sexualidad como los principios pedagógicos y didácticos desde una perspectiva psicosocial? En este trabajo no se pretende responder en forma definitiva y acabada a tal interrogante, pero sí brindar algunos elementos que posibiliten un punto de partida para esa reflexión.

Este artículo está organizado en cuatro apartados. El primero de ellos “Sexualidad patriarcal” plantea cómo la sexualidad ha sido sometida a regulaciones políticas a lo largo de la historia social. Se explican también las bases de la cultura y sexualidad patriarcales, las cuales rigen la vivencia de la sexualidad en nuestra cultura costarricense.

El segundo apartado se titula “¿Qué es la sexualidad?, y con él se busca una definición de la sexualidad que trascienda los estrechos marcos de la sexualidad patriarcal; un concepto de sexualidad en donde se integren los aspectos biológicos, ideológicos, vivenciales, vinculares y personales que posibilite una vivencia más plena e integral.


El tercer apartado, “Tendencias en Educación Sexual” pretende una breve descripción de los diversos enfoques y discursos en educación sexual que han prevalecido en la segunda mitad del siglo XX y que tienen vigencia en nuestro país. El último apartado, “¿Es posible una didáctica alternativa de la sexualidad?” tiene como propósito esbozar los objetivos e intenciones de una educación sexual alternativa, así como señalar los principios didácticos que deben orientar su práctica en el aula.

  1. LA SEXUALIDAD PATRIARCAL


¿Cómo entender la sexualidad? ¿Con cuáles presupuestos teóricos, filosóficos, ideológicos?
¿Cómo vivir la sexualidad?


¿Qué es permitido y qué es prohibido la sexualidad?


¿Puede ser educada la sexualidad?


Estos interrogantes son clave y punto de partida para pensar en una didáctica de la sexualidad. No es posible pensar en una didáctica de la sexualidad sin reflexionar en torno a tales cuestionamientos, los cuales trascienden el ámbito de la didáctica y de la pedagogía, para atravesar los terrenos de lo político y de lo ideológico.

Para comprender el fenómeno y la realidad de la sexualidad humana, es preciso señalar que la sexualidad ha estado sujeta a cambios en cuanto a la manera cómo se le ha conceptualizado y se le ha vivido a través de la historia, tanto filogenética como sociogenéticamente. A lo largo del proceso de hominización, la sexualidad de los homínidos fue transformándose conforme éstos se iban transformando a sí mismos y a su entorno en el proceso evolutivo. Para efectos del presente trabajo, se hará referencia a los principales determinantes históricos, ideológicos y sociales de la sexualidad en la cultura patriarcal, por constituir la principal influencia que los latinoamericanos y los costarricenses en particular hemos recibido acerca de la sexualidad.

La sexualidad humana ha sido sometida a mecanismos de control social a lo largo de la historia patriarcal. La historia patriarcal es el período histórico que se remonta desde el origen, creación y desarrollo de la cultura patriarcal, período que data de aproximadamente 8 mil años. La cultura patriarcal se caracteriza por el predominio de lo masculino en la vida social, económica y política. El poder reside en lo masculino y lo femenino es considerado como algo de naturaleza inferior.

“El patriarcado es un modelo de dominación del hombre sobre la mujer, un sistema de explotación que se basa en el género. Se sustenta en el control, por parte de los hombres, de los aspectos más importantes de la economía, la cultura, la ideología y los aparatos represivos de la sociedad.” (Schifter, 1989, pag.33 )


La sociedad patriarcal se basa en relaciones desiguales, tanto de poder como de privilegios. Claramunt, (1997), define la sociedad patriarcal como :

“la organización social basada en un sistema jerárquico de poder y gobierno masculino. Los hombres tienen el privilegio del control y dominio no sólo de la organización social sino de los otros miembros de la misma.” (Claramunt, 1997, pag. 66)
La cultura patriarcal define de manera opuesta los roles sexuales. Estos se refieren a las características socioculturales que se atribuyen a cada género, incluye las actividades que se asocian con el hombre y con la mujer. Lo femenino y lo masculino son las conductas que surgen como producto de estos roles sexuales, siendo por tanto construcciones sociales, aunque por mecanismos de la ideología se les presenta a la población como si fueran conductas naturales y universales propios de la naturaleza de los hombres y de las mujeres.

Lo masculino en la cultura patriarcal se define como lo característico del patriarca: un varón que reúna las siguientes características:

  1. a) predominio de lo racional por sobre lo afectivo
  2. b) en el ámbito afectivo: negación de la ternura y la debilidad; en su defecto, utilización de la fuerza y la violencia
  3. c) heterosexualidad obligatoria
  4. d) obligación de procrear hijos cuya paternidad sea indiscutible
  5. e) detenta el poder político, económico y social, tanto en la vida pública como en la vida privada

Es propio de la cultura patriarcal los siguientes procesos y características en la vida social y política: a) acumulación privada de la riqueza b) existencia de clases sociales, unas ejerciendo el poder y explotación sobre las otras, c) existencia de aparatos militares para el control político de la población, d) reproducción en la vida social de los valores y creencias propios del sistema patriarcal. En este aspecto, la educación, la religión, la familia, y los demás entes socializadores reproducen las formas ideológicas propias de la cultura patriarcal en las nuevas generaciones.

La ideología patriarcal sostiene que lo masculino y lo femenino son dos realidades psicológicas diferentes, y que lo masculino corresponde a los varones y lo femenino a las mujeres. Lo masculino se asocia con lo fuerte, lo racional, lo agresivo y lo femenino con lo pasivo, lo afectivo, débil.

En cuanto a la sexualidad, la cultura patriarcal se caracteriza por el control de la sexualidad de la población, en función de los requerimientos necesarios para la reproducción material e ideológica de la sociedad y sus formas de dominación. La sexualidad patriarcal se caracteriza por los siguientes aspectos y procesos:

  1. Necesidad de encuadrar y reprimir la sexualidad humana en el marco de instituciones políticas: el matrimonio, la familia patriarcal y la sexualidad para la reproducción. Las prácticas sexuales debían ajustarse a los intereses de los dueños de la riqueza.
  2. La familia patriarcal estaría conformada por el patriarca, sus esclavos, los hijos, los bienes que le pertenecen, su esposa y sus concubinas. Es el patriarca el que legitima la familia, así como la existencia de los hijos. En este sentido, una familia conformada únicamente por la mujer y los hijos no es una familia legítima de acuerdo con la ideología patriarcal, de la misma manera que una familia que no tenga hijos. Por tanto, la función de la familia patriarcal es el asegurar hijos legítimos, herederos legítimos de los bienes del patriarca.

    El paterfamilias era dueño absoluto de su esposa e hijos y ante una ofensa considerada grave podía venderlos como esclavos o darles muerte. El papel de la mujer era comparable al de un bien mueble; se las definía como imbecilitas, que pasaban de la mano del padre a la del esposo, aún cuando todos sus bienes quedaban en manos del primero.” (Gindin, 1987, pag.36)

  3. Para las mujeres, la cultura patriarcal exige como requerimientos de su sexualidad lo siguiente: exigencia de la virginidad, la monogamia, la fidelidad y la maternidad. La cultura patriarcal establece una división, una disociación de las mujeres en dos grupos: las mujeres “buenas” y las mujeres “licenciosas”. Las mujeres buenas son aquellas que se hacen acreedoras de la pureza, entendiendo por pureza el ejercicio de las características mencionadas arriba: virgen, fiel, monógama y madre. La virginidad y la exigencia de fidelidad y monogamia son esenciales en la cultura patriarcal para garantizar la paternidad legítima del patriarca. Para estas mujeres “decentes” se define como fin fundamental de la sexualidad la reproducción, por lo tanto la maternidad es el máximo espacio de realización personal para la mujer. Esta mujer decente tendrá siempre un hombre que la legitime en la vida social y pública. El padre biológico en primera instancia y posteriormente el esposo.

Por otra parte, las otras mujeres, las mujeres “licenciosas”, la “hetaira” y la “ágata” griegas, son mujeres cuya función principal es proveer placer y compañía afectiva al patriarca. A ellas sí se les permite la sexualidad para el placer, pero en la medida que ya hay implícita la renuncia a tener un “hombre que se haga cargo de ella y la legitime en la vida social y pública”. Como lo plantea Demóstenes:

“Tenemos queridas en aras del placer y concubinas para el cuidado de nuestras personas, pero esposas para que nos den hijos legítimos y sean fieles guardianes de nuestro hogar.” (Gindin, pag.33 )


  1. d) Para el varón, la sexualidad patriarcal se define como la obligación de demostrar su masculinidad en todos los espacios donde ésta sea cuestionada. La virginidad, la fidelidad y la monogamia no son instituciones que se crearon para el varón, por tanto, el varón tiene la posibilidad de tener relaciones sexuales coitales tantas veces como desee y con tantas mujeres como oportunidades tenga. La sexualidad del varón está disociada en la cultura patriarcal en dos dimensiones : sexualidad para el placer con la esposa, la madre de sus hijos, y sexualidad para el placer con “la otra mujer”, la licenciosa, la pública.

La sexualidad en la cultura patriarcal ha sido considerada como algo “prohibido”, “pecaminoso”, “peligroso”. Por muchos siglos se le asoció con pecado, con conscupicencia de la carne, con sinónimo de desenfreno y de prácticas demoniacas. La sexualidad ha estado sometida a mecanismos de represión y control excedentes, sujeta a prohibiciones innecesarias. Esta represión sexual se aprende a través de la socialización.

“En efecto, la represión sexual es un aprendizaje, adiestramiento de una inhibición (…) …”la consecuencia de la represión se traduce en una pérdida de la espontaneidad. Se vive para la represión, y el yo se obliga a proyectar una buena parte de su energía en el mantenimiento del dinanismo represor” (Castilla del Pino, 1984, pag. 13 y 52)”


El discurso represivo en torno a la sexualidad se caracteriza de la siguiente manera :

  1. a) el fin fundamental de la sexualidad humana es la reproducción.
  2. b) el acto máximo de la sexualidad humana es el coito genital, la penetración pene-vagina.
  3. c) la sexualidad debe vivirse dentro del matrimonio.
  4. d) si se experimenta placer, éste debe ser parte de la finalidad de la reproducción y dentro del matrimonio.

e)la sexualidad natural es la heterosexual.

  1. f) la homofobia (desprecio y persecución hacia las prácticas sexuales homosexuales) como una actitud fundamental en el varón y como condición para demostrar la masculinidad.

Sin embargo, coexistiendo con este discurso represivo al mismo tiempo se vive una “doble moral”. En la vida cotidiana de las personas, la sexualidad escapa a tales restricciones y siempre se ha vivido de una manera más libre, aunque se predique el discurso oficial caracterizado anteriormente. Debido a la doble moral, las personas viven su sexualidad con culpa, vergüenza, con temor de ser descubiertas, especialmente si las prácticas sexuales escapan del discurso oficial.

A través de la historia patriarcal occidental, las sociedades han condenado, perseguido, estigmatizado los discursos y prácticas sexuales que se alejan del discurso oficial de la represión sexual. La censura ha variado, desde la amenaza del fuego eterno, hasta la muerte en la hoguera, definiendo las sexualidades alternativas como pecado, producto de pactos con el demonio, enfermedades o delitos.

La censura ocurre y se ejecuta al menos en tres instancias o escenarios:

“a) El escenario de dominación político : cuando el agente censurador es un aparato ideológico o represivo del estado : la iglesia, el estado, ejército, la escuela. La censura se da en un ámbito público con sanciones objetivas.


  1. b) El escenario de la vida pública informal : cuando el agente censurador no procede de una instancia de dominación per se, pero es protagonizado por los grupos informales, a través de rumores que estigmatizan y “condenan” a nivel imaginario al supuesto transgresor de la sexualidad normal. Comentarios como : “¿Supiste que fulano es homosexual ?”, “¿supiste que fulana se acuesta con el jefe ?”, etc, constituyen ejemplos de la fascinante fuerza que ejerce el rumor y el comentario acerca de la vida privada sexual de las personas.
  2. c) El escenario de la vida subjetiva : es el que ocurre dentro del propio sujeto que ha introyectado el discurso de la dominación y de la represión. Dentro de sí se fragua una lucha sin tregua : “¿puedo vivir la sexualidad tal y como yo quiero, para el placer, o debo ser bueno y obedecer lo que me han dicho ?” (Campos, 1997, pag. 6

La represión sexual ha adquirido tanta importancia como instrumento de dominación política debido a que las normas represivas prestan cohesión a una estructura social, aceptar las normas supone aceptar el sistema social. La represión sexual está al servicio de un sistema autoritario, cualquiera que sea la forma que tal autoritarismo adopte. Castilla del Pino plantea al respecto :

“La represión sexual significa el logro de la obediencia suprema a la norma establecida(…) La represión sexual es una sutil expresión de la ideología de un sistema social opresivo, que tiende, por sobre todo, al inmovilismo y a la perpetuación del status logrado. Y es ideología porque la represión se “justifica”, se racionaliza en forma de “moralidad”, “pecado”, el elevado fin meramente reproductivo de la relación intersexual, y toda suerte de tabúes acerca de la virginidad, la pureza, etc” (Castilla del Pino, pag. 63 y 64)

  1. ¿QUE ES LA SEXUALIDAD ?

Una didáctica de la sexualidad podría definirse como el arte de enseñar a comprender y vivir la sexualidad, pero dicho así, queda claro que no existe una didáctica neutral. Podría existir una didáctica de la sexualidad cuya finalidad sea la reproducción del discurso oficial patriarcal y represivo en torno a la sexualidad o una didáctica de la sexualidad alternativa. Para ello, es preciso cuestionarse entonces qué es eso que llamamos sexualidad. ¿Es posible una definición de sexualidad alternativa a la que nos propone la cultura patriarcal ?

Haremos un recorrido por algunas propuestas teóricas que constituyen en alguna medida alternativa del discurso patriarcal.

El psicoanálisis, desde Freud hasta las propuestas contemporáneas, ha hecho de la sexualidad humana su apuesta fundamental. Para el psicoanálisis, la sexualidad humana no puede reducirse a lo genital ni a lo biológico. No es un problema de hormonas o de anatomía genital. Freud postula el concepto de pulsión sexual para referirse a la sexualidad humana, entendiendo por pulsión una fuerza que empuja al sujeto a la búsqueda de objetos que le den satisfacción y placer. La pulsión difiere del instinto animal por ser un concepto que trasciende lo biológico, es de hecho “el límite entre lo somático y lo psíquico”.

Freud aporta en la comprensión de la pulsión sexual el hecho de que la pulsión es perversa y polimorfa. Perversa significa que su finalidad es la búsqueda infinita de placer. Polimorfa se refiere a que no existe un objeto predeterminado ni natural que dé satisfacción a la pulsión, sino que en primera instancia, la pulsión sexual puede satisfacerse con cualquier objeto. Es la cultura a través del proceso de socialización, la que define las formas y canales “oficiales” y permitidos para satisfacer la pulsión sexual. Es decir, aunque la pulsión tiene una base biológica que funciona como un motor que empuja a actuar, a buscar objetos de satisfacción, es la cultura la que establece cuáles son los objetos permitidos, las prácticas permitidas, y por tanto, limita la sexualidad a recorrer los desfiladeros de la normativa social en un momento dado.

Otro aporte fundamental del psicoanálisis es el plantear que la pulsión sexual está presente desde el momento del nacimiento, rompiendo con el mito victoriano de considerar a los niños como “ángeles asexuales”. Existe la sexualidad infantil distinta de la sexualidad adulta, con sus deseos, intereses, prácticas y fantasías.

La dimensión fantasía es además un aporte central de la teoría psicoanalítica. La fantasía sexual designa la imaginación, se refiere a las imágenes que constituyen objetos eróticos, los cuales estimulan al sujeto para que experimente placer. La diversidad es propia de estos objetos de la fantasía : pueden ser conocidos o desconocidos, de cualquier sexo o identidad, de cualquier edad, etc. La fantasía es una producción puramente ilusoria, propia del mundo imaginario de cada sujeto.

Laplanche y Pontalis resumen las ideas centrales del psicoanálisis freudiano acerca de la sexualidad de la siguiente manera :

“La pulsión sexual es el empuje interno que el psicoanálisis ve actuar en un campo mucho más extenso que el de las actividades sexuales en el sentido corriente del término. En él se verifican eminentemente algunos de los caracteres de la pulsión, que la diferencian de un instinto : su objeto no está predeterminado biológicamente, sus modalidades de satisfacción (fines) son variables, más especialmente ligadas al funcionamiento de determinadas zonas corporales (zonas erógenas), pero susceptibles de acompañar a las más diversas actividades, en las que se apoyan. Esta diversidad de las fuentes somáticas de la excitación sexual implica que la pulsión sexual no se halla unificada desde un principio, sino fragmentada en pulsiones parciales, que se satisfacen localmente. (…) Desde el punto de vista dinámico, Freud ve en la pulsión sexual un polo necesariamente presente del conflicto psíquico : es el objeto privilegiado de la represión en el Inconsciente.” (Laplanche y Pontalis, 1981, Pag. 332)

La sexualidad humana no es un acto únicamente biológico. Lo biológico es una dimensión fundamental, pero no podríamos reducir la sexualidad a la biología, ya que al ser creadores de la cultura, los seres humanos han inscrito la sexualidad en el terreno de lo social, de la cultura y del lenguaje. Esto significa que la sexualidad es una dimensión fundamental de la naturaleza humana que no puede ser reducida a los marcos de la sexualidad patriarcal. De hecho, la sexualidad patriarcal posibilita una vivencia de la sexualidad parcializada, mutilada, disociada.

Una sexualidad alternativa, integral, incluye al menos los siguientes componentes :

  1. a) No puede reducirse sexualidad a lo biológico ni a lo genital. La sexualidad es la expresión integral del ser humano en cuanto hombre y en cuanto mujer, expresión que no se limita a lo genital.
  2. b) El fin de la sexualidad humana no es únicamente la reproducción, sino fundamentalmente el placer, el amor, la comunicación afectiva. La procreación es una de las tantas funciones de la sexualidad.
  3. c) La penetración es tan sólo una de las tantas prácticas posibles de la sexualidad. Existen múltiples formas de proveerse placer en la relación sexual, y todas estas prácticas son igualmente válidas en la medida que la pareja esté de acuerdo.
  4. d) En la sexualidad humana existe una ética fundamental : proveer placer sin hacerse daño físico ni psicológico ni a sí mismo ni a la otra persona. Esta sería la única restricción a la sexualidad, en el contexto de una ética social de respeto a los derechos humanos. Las demás restricciones propias de la cultura patriarcal son innecesarias y son normas al servicio de la dominación y del control social. En la medida que se controla y regula el placer sexual, las clases dominantes se garantizan que la libido será transferida a la productividad social y al trabajo alienado.
  5. e) No existe una sexualidad natural. La diversidad sexual sería lo más propio y característico de la sexualidad humana. Diversidad en cuanto objeto de preferencia sexual, diversidad en cuanto a prácticas sexuales, diversidad en cuanto a modos de vivir la sexualidad.
  6. f) Además del componente del placer genital, es de gran importancia el componente “placer no genital” que se refiere a la capacidad de experimentar placer y satisfacción en otras áreas de la vida que no sean específicamente la genitalidad con la pareja.
  7. g) La sexualidad es una relación social, por tanto, el establecimiento y constitución de vínculos afectivos es consustancial a la experiencia sexual. La relación con el otro, qué significa el otro para mí, cuáles sentimientos me provoca y me despierta, el compromiso afectivo que la relación sexual conlleva, etc, constituyen dimensiones fundamentales que deben tomarse en cuenta para la vivencia de una sexualidad integral. El vínculo afectivo no puede reducirse al control político social del matrimonio. Lo que se está señalando aquí es que la relación sexual conlleva una dimensión afectiva y vincular, independientemente de lo profundo o superficial que sea el vínculo con el otro, e independientemente del tiempo que lleven de conocerse o del tipo de vínculo que tengan entre sí.
  8. h) La relación con el propio cuerpo, la aceptación del mismo como algo positivo, el conocimiento de las zonas erógenas, la capacidad para proveerse placer a sí mismo en una actividad autoerótica, etc, constituyen también dimensiones fundamentales de la sexualidad humana.
  9. i) El cuestionamiento permanente de los valores, creencias, normas, etc, en torno a la sexualidad y en torno a la feminidad y masculinidad también son pilares integrantes de una vivencia plena de la sexualidad.
  10. j) Por último, para una comprensión plena de la sexualidad no puede dejarse de lado la dimensión “responsabilidad”. La sexualidad integral implica un acto de responsabilidad, en el sentido del cuidado que debemos tener con nuestros sentimientos, con nuestro cuerpo, con nuestra salud física y mental ; así mismo el cuidado que le debemos al otro.

Campos y Arrieta (1996) proponen la existencia de cuatro componentes fundamentales en la vivencia integral de la sexualidad : la aceptación del cuerpo, el placer genital y no genital, la construcción de vínculos afectivos y la responsabilidad.

La sexualidad integral supone al menos la vivencia de las dimensiones anteriormente mencionadas, puestas al servicio del desarrollo de la personalidad. Por tanto, supone una vivencia de la sexualidad sin culpa, sin inhibiciones, sin restricciones innecesarias, sin vergüenza.

Desde nuestra perspectiva, esta vivencia integral de la sexualidad es un proceso inacabado, que debe comenzar desde el momento del nacimiento mismo y acompañar al sujeto a lo largo de su vida hasta su muerte. Y precisamente , este el es encargo de una EDUCACIÓN SEXUAL O DIDÁCTICA ALTERNATIVA, proveer experiencias de enseñanza y de aprendizaje formal e informal que posibiliten a la población una vivencia plena e integral de la sexualidad, que trascienda los límites impuestos por la cultura patriarcal.

Una vivencia alternativa de la sexualidad supone la ruptura ideológica, teórica, axiológica, con el discurso oficial represivo que todos hemos interiorizado y que reproducimos a nivel consciente e inconsciente.

Sin embargo, a la educación, como aparato ideológico del estado, se le ha hecho el encargo de reproducir y legitimar a nivel ideológico las normas y valores imperantes en la cultura. Específicamente, en el campo de la sexualidad, a la educación se la ha encargado en “enseñar” el discurso oficial de la sexualidad patriarcal. Como veremos en el próximo apartado, existen distintos discursos referentes a la sexualidad en el siglo XX, discursos que la educación ha asumido.

III. TENDENCIAS EN EDUCACIÓN SEXUAL

La educación de la sexualidad ha estado atravesada por el encargo que la cultura patriarcal ha hecho a las diversas instituciones de socialización. Es preciso enfatizar que por educación sexual entendemos aquel proceso formal o informal dirigido a la formación y enseñanza de actitudes y valores en el área de la sexualidad humana, encaminadas a la adquisición de determinadas prácticas sexuales. Son entes encargados de la educación sexual las diversas instituciones propias de la sociedad civil y política : el aparato religioso, el aparato educativo, la familia, los medios de comunicación, los relatos informales de la tradición oral, etc. Estos entes socializadores tienen una dimensión educativa respecto a la sexualidad aunque no se lo propongan intencionalmente. Es decir, aunque exista o no una intención dirigida a formar actitudes y valores en sexualidad, estos entes son instancias de educación sexual, aunque asuman conscientemente este encargo o no lo asuman. Precisamente, la sexualidad tiene que ver con valores de convivencia social y cotidianos : la valoración que se da a lo femenino y a lo masculino en la sociedad, la concepción de pareja, los valores en torno a lo prohibido o permitido en la sociedad, la concepción de relaciones humanas que se privilegie en un momento dado, etc, todo esto tiene que ver con la educación de la sexualidad, y las instancias mencionadas contribuyen permanentemente a formar opinión en torno a tales temáticas. Esto significa que las instancias socializadoras son entes de educación sexual en forma espontánea, per se. Mc. Cary plantea al respecto :

“Muchos factores afectan significativamente las actitudes sexuales del niño cuando comienzan a emerger, alterando su conducta : la forma como lo aman sus progenitores, la manera como lo acarician y lo cargan, el afecto o dureza que se manifiesta en sus voces, la palpación de la piel de ambos, el olor y aroma de sus cuerpos. Se des cuenta o no, y lo quieran o no, los progenitores empiezan el entrenamiento sexual del lactante desde que nace. Aun cuando los progenitores evitan el discutir el sexo cuando se encuentran juntos, los niños descubren sus actitudes de tensión o naturalidad, a través de la comunicación silenciosa.” (Mc Cary, 1983, pag.3 )

Por supuesto que el aparato educativo tiene un encargo diferente, ya que de una manera intencional se propone , en el campo de la sexualidad, como uno de los entes intencionalmente encargados de la educación sexual de la población.

Revisaremos seguidamente algunos de los enfoques que se han asumido con más frecuencia en educación sexual, tanto por el aparato educativo como por las demás instancias socializadoras.

  1. EL “DISCURSO” DEL SILENCIO

El silencio ha sido uno de los mecanismos más empleados en educación sexual. Consiste
en ignorar, en callar, en negar y por lo tanto en omitir cualquier referencia o información explícita acerca de la sexualidad. El empleo del silencio supone algunas premisas o creencias implícitas:

  1. a) No es necesario hablar explícita y directamente acerca de la sexualidad, ya que como la sexualidad es algo “instintivo” ya se “viene” con eso, no necesita ser aprendido o enseñado algo con lo que ya venimos los seres humanos, cuando ya se complete el desarrollo hormonal, la persona “sabrá” que tiene que hacer con su sexualidad. Esta premisa o creencia es falsa, constituye un mito, ya que no es cierto que la sexualidad es algo instintivo con lo que ya se viene o ya se trae. Precisamente, como lo plantea el psicoanálisis, si bien es cierto la sexualidad posee una base biológica, la trasciende, y más que un instinto, la sexualidad es una pulsión, en cuya conformación intervienen factores biológicos y socioculturales. No es cierto que con el desarrollo hormonal de la adolescencia el sujeto ya adquiere todo lo que tiene que saber acerca de la sexualidad. Las especies animales inferiores al homo sapiens no requieren que nadie les enseñe cómo vivir la sexualidad, porque la misma está sometida a procesos de índole natural y biológico. Pero la especie humana, al ser creadora de cultura, se ha alejado de los ritmos biológicos en una serie de funciones y procesos, siendo la sexualidad uno de los más importantes.
  2. b) Es mejor no hablar de la sexualidad porque se puede cometer el riesgo de “provocar” malicia en los niños y jóvenes y por tanto acelerar un proceso de “precocidad sexual”. Esta creencia también constituye un mito, ya que hablar de la sexualidad no necesariamente acelera el interés sexual de los niños y los jóvenes. La información precisa en materia sexual, así como el análisis crítico de valores y creencias en torno a la sexualidad y a la relación entre las personas, por el contrario, posibilita una vivencia más responsable de la sexualidad, menos cargada de prejuicios y con más probabilidades de incorporar la dimensión ética en sexualidad y relaciones humanas.
  1. EL DISCURSO POSITIVISTA BIOLOGISTA

A partir de la década de los sesentas en América Latina se empieza a hablar de sexualidad en los planes oficiales de estudio a nivel de educación primaria y secundaria. Las políticas demográficas de control de la natalidad impulsadas por la Alianza para el Progreso y por las políticas de contrainsurgencia norteamericanas, requerían una disminución de las tasas de fertilidad y natalidad en los países latinoamericanos, situación que requería de un control de la natalidad y de regulación reproductiva. El efecto no se hizo esperar: se hacía necesario informar a la población, desde la época escolar, acerca de la biología de la reproducción, con el propósito de crear actitudes positivas hacia los métodos anticonceptivos y hacia la prevención de enfermedades de transmisión sexual. Se hacía necesario combatir la ignorancia existente en la población acerca de la fecundación, la menstruación, el control de los embarazos, la anticoncepción, etc.

Se origina así una tradición pedagógica en Educación Sexual, caracterizada de la siguiente manera:

  1. a) el énfasis temático giraba (en el mejor de los casos) en torno a aspectos biológicos de la sexualidad, tales como fisiología de la reproducción, endocrinología básica, anatomía genital (especialmente de los órganos internos y externos que tienen que ver con la reproducción, quedaban excluídos de estos temas los órganos de placer y las zonas erógenas. Se privilegiaba además la temática que tenía que ver con enfermedades de transmisión sexual, como una manera de colaborar con los programas gubernamentales de Salud Pública. El énfasis en las enfermedades indicaba una educación sexual que destacaba los peligros de la vida sexual activa y no tanto los beneficios o las satisfacciones del ejercicio de la misma.
  2. b) la sexualidad se hacía sinónimo de “discurso de expertos”, ya que para hablar de sexualidad había que ser experto en biología, y los temas eran tratados sin relación con la vida cotidiana.
  3. c) la información sobre biología sexual se hacía en forma disociada y parcializada, sin hacer referencia a los aspectos vinculares y sociales que trascienden la esfera biológica.
  4. d) La metodología empleada privilegiaba una actitud pasiva en el educando, estimulando una educación “bancaria”. El educando debía conformarse con ser un receptor pasivo que recibía la información del experto para “aprendérsela” y reproducir esos contenidos en un examen formal. La sexualidad quedaba reducida así a un tema de la materia de Ciencias Naturales, sin relación directa con la cotidianidad de los educandos ni con sus intereses sexuales. Así, interrogantes como ¿debo tener relaciones sexuales?, ¿estoy preparada para ello?, etc, no eran temáticas que fueran tratadas.
  5. e) Se presentaba la educación sexual como una actividad extracotidiana. Para la transmisión de información se empleaban algunos instrumentos de tecnología educativa, tales como videos, diapositivas, películas. La clase expositiva era el recurso más utilizado, rodeando al acto educativo con un halo misterioso.

Esta tradición pedagógica ha tenido gran influencia en la educación sexual latinoamericana y costarricense, y continúa vigente hasta nuestros días. Si bien es cierto es de gran importancia la información en torno a la biología de la sexualidad, lo cierto es que INFORMACIÓN SEXUAL NO ES SINÓNIMO DE EDUCACIÓN SEXUAL. Esta tradición, a lo sumo logra informar parcialmente en torno a algunos aspectos de la biología sexual, pero está muy lejos de educar, ya que la educación sexual no debe limitarse a la transmisión de conocimientos biológicos. La formación de actitudes y valores, el análisis y reflexión de la propia vivencia, de las inquietudes cotidianas acerca de la sexualidad, de la vivencia del placer, de las relaciones entre los géneros, etc, constituyen elementos fundamentales de los contenidos de un programa alternativo de educación sexual.

  1. EL DISCURSO DE LA “MORAL”.

Este discurso ha sido puesto en práctica principalmente por las instancias de socialización religiosas, las cuales han atravesado al aparato educativo. Este discurso de la moral se caracteriza por lo siguiente:

  1. a) asume que la sexualidad es una actividad destinada a los adultos, dentro del matrimonio y con fines eminentemente reproductivos. La vivencia del placer en la pareja no es algo que deba buscarse como un fin en sí mismo. Si ocurre, debe ser parte del vínculo de amor dentro del matrimonio. Implícitamente y explícitamente se condenan aquellas sexualidades que se apartan del discurso oficial. Las relaciones coitales extramatrimoniales, los actos propios de la diversidad sexual (homosexualidad, la masturbación y en general la sexualidad por el placer) son vistas como prácticas antinaturales que deben evitarse.
  2. b) Se refuerzan los valores e instituciones propios de la cultura patriarcal: la virginidad, la fidelidad, la monogamia, el matrimonio. Se destaca como sinónimo de pecado la vivencia de una sexualidad alternativa que trascienda los límites de las instituciones patriarcales. Se destacan además en el discurso moralista, las consecuencias negativas de una vivencia de la sexualidad para el placer. La culpa y la vergüenza en las personas debían ser las consecuencias lógicas a nivel de los sentimientos cuando éstas eran actores y protagonistas de una sexualidad para el placer. Cabe mencionar que precisamente la culpa y la vergüenza son ansiedades muy primitivas en los seres humanos, ya que en el desarrollo del psiquismo temprano, las fantasías de abandono y de destrucción se asocian con sentimientos de culpa y vergüenza. En este sentido, un discurso que manipule tales emociones tan primitivas en la población encuentra un terreno fértil en donde anclarse y reproducirse.
  3. c) Contrariamente al discurso de la biología, este discurso se acompaña de una ética de la vida, y se refiere explícitamente a problemas de la cotidianidad de las personas, a problemas de su vida amorosa y a las relaciones humanas en general. Parte de una concepción normativa en la que se supone la existencia de valores universales y ahistóricos, propios de todos los seres humanos, independientemente de la cultura y momento histórico. Esta dimensión “holística” que relaciona los valores en materia sexual con los valores más universales de la vida humana hace que tal discurso tenga tanta acogida en la población, ya que la gente necesita que les hable de la vida en forma integral, y de alguna manera, el discurso moralista lo consigue.
  4. EL DISCURSO DE LA MODERNA SEXOLOGÍA

A partir de la década de los setentas, surge al interior de la Psicología y de la Medicina una nueva disciplina, la sexología, la cual tiene por objeto de investigación el estudio de la sexualidad genital orientada hacia el placer. Rompiendo tabúes y prejuicios sociales de la época, los precursores de la sexología, los médicos William Masters, Alfred Kinsey y los psicólogos Virginia Johnson y Albert Ellis, entre otros, inician un proceso de investigación de la sexualidad humana tomando en cuenta las prácticas y preferencias sexuales de las personas. Las tesis centrales de la sexología en materia de educación sexual son las siguientes:

  1. La sexualidad humana se orienta fundamentalmente hacia el placer. La reproducción es una de sus tantas funciones.
  1. La sexualidad para el placer puede estudiarse a partir de la investigación de la respuesta sexual humana. Esta respuesta consiste en una serie de fases que atraviesan tanto los hombres como las mujeres que van desde el deseo de tener relaciones sexuales con alguien, pasando por las fases de excitación, meseta, orgasmo y resolución. Cada una de las fases se acompaña de cambios a nivel fisiológico. Es derecho de toda persona, independientemente de su sexo, disfrutar de las fases de la respuesta sexual con sumo placer.
  1. Las personas pueden aprender a bloquear las diferentes fases de la respuesta sexual. Por circunstancias diversas, que van desde el aprendizaje de prejuicios y creencias erradas, experiencias biográficas difíciles, dificultades con la pareja, la incorporación de la culpa, etc., las personas pueden bloquear alguna de las fases de la respuesta sexual teniendo como resultado una falta de satisfacción, que se expresa tanto en pérdida del deseo sexual, como en dificultades para lograr la excitación o alcanzar el orgasmo. Las personas pueden aprender además a cómo disfrutar plenamente de su sexualidad en las diversas fases de la respuesta sexual, liberándose de los mitos y tabúes patriarcales
  1. Es posible aprender técnicas que ayuden a lograr mayor satisfacción durante la relación sexual coital, tanto por varones como por mujeres, así mismo, es posible recibir ayuda profesional cuando las personas no logran obtener satisfacción sexual, y esto no significa que las personas están enfermas o que tienen problemas emocionales.
  1. La información sexual no debe limitarse a la fisiología y anatomía de la reproducción, sino que debe abarcar la comprensión de las zonas erógenas, de la fisiología y anatomía del placer, de las técnicas coitales, de las disfunciones sexuales.
  1. Recientemente, la sexología plantea que es posible aprender a nivel preventivo algunas técnicas que ayuden a las personas a evitar el surgimiento de disfunciones de la respuesta sexual. Tales técnicas incorporan elementos de la filosofía oriental, masaje corporal, gimnasia “erótica”, etc.

El gran mérito de la sexología fue hablar de la sexualidad para el placer sin inhibiciones ni tabúes. Gracias a la sexología es que podemos hablar con más libertad del orgasmo femenino y masculino y de la necesidad del placer sexual en la pareja. Sin embargo, las limitaciones de la sexología son precisamente quedarse a un nivel puramente genital, enfatizando y dando prioridad a lo genital en la sexualidad. La genitalidad es muy importante en una vivencia integral de la sexualidad, pero la sexualidad humana tiene otras dimensiones, tales como la dimensión vincular afectiva, la dimensión valores, la dimensión de género, etc, dimensiones que el discurso sexológico contempla muy superficialmente.

A pesar de la limitación señalada, los avances y alcances del discurso sexológico no han sido incorporados en los programas de educación sexual oficial dirigidos a los jóvenes. Se han quedado básicamente a nivel de bibliografía que la población adulta podría adquirir, pero que no constituyen parte de un programa formal de educación sexual, como debería ser.

Además de los discursos mencionados: biologista, moralista y sexológico, no deben dejarse de lado los aportes del movimiento feminista y del movimiento gay.

A partir de la década de los 70 empiezan a tomar un lugar importante a nivel político de luchas reivindicativas el movimiento feminista y el movimiento gay. Los aportes centrales de tales movimientos giran en torno a la libertad sexual de la mujer (rompiendo con los mitos patriarcales), la relatividad de las instituciones patriarcales (virginidad, matrimonio y maternidad), las cuales son vistas como opciones y no como imposiciones, y el respeto a la diversidad sexual, el derecho a la libre elección de objeto de preferencia sexual. Se plantea que la homosexualidad y la heterosexualidad son opciones de vida sexual. Imponer la heterosexualidad como lo “normal” y “deseable” constituye una forma de control político de las opciones sexuales de la población.

Aunque no es objeto del presente artículo, existen otras formas de “aprender” en sexualidad. No debe ignorarse el efecto que la pornografía ejerce, muchas veces como única fuente de conocimiento sexual de la población. Ante la ausencia de una educación sexual que rompa con los tabúes y mitos patriarcales, muchos sectores de la población tienen como único recurso de enseñanza sexual el material pornográfico. A pesar de que la represión social de la sexualidad presente la sexualidad como un tabú, al ser la sexualidad parte integrante de la personalidad y de las actividades cotidianas de la población, no es posible vivir sin sexualidad, razón por la cual la sociedad mercantil coloca la sexualidad en el rango de mercancía, cuyo valor de uso puede venderse en el mercado. Y en el caso de la sexualidad, es una de las mercancías más codiciadas, más vendidas. Precisamente esto es la pornografía, la venta de material sexual, en el cual la sexualidad adquiere carácter de mercancía para ser consumida.


  1. ¿ES POSIBLE UNA DIDÁCTICA ALTERNATIVA EN SEXUALIDAD?

Partimos de siguiente premisa: Es posible enseñar a vivir la sexualidad de una manera integral, así como es posible enseñar a vivirla de una manera disociada y parcial. En la cultura patriarcal, a los hombres y a las mujeres se les enseña a vivir la sexualidad de una manera parcial y disociada, cargada de mitos y tabúes. Es posible la enseñanza de la sexualidad desde un lugar alternativo. Esta didáctica de una sexualidad alternativa, posee a nuestro juicio diversas características, tanto a nivel epistemológico, conceptual y metodológico, tanto en el ámbito de la sexualidad como en el ámbito de la didáctica.

A continuación se enumeran algunos de los requerimientos de esta didáctica de la sexualidad alternativa a los enfoques tradicionales.

  1. Ruptura epistemológica

La didáctica de la sexualidad que se propone parte de una ruptura epistemológica con respecto a la educación sexual tradicional. Ruptura en un doble sentido. Por un lado, una ruptura con respecto a los objetivos de la educación sexual y por otro lado, una ruptura con respecto al enfoque epistemológico y teórico. Esta ruptura tiene que ver tanto con la estructura conceptual de la sexualidad como con la didáctica que hasta el momento se ha empleado en la educación sexual.

Ruptura con respecto a los objetivos y contenidos de la educación sexual se refiere a la necesidad de cuestionar la finalidad del proceso de enseñanza formal e informal de la sexualidad. Así, puede afirmarse que la finalidad de la educación sexual alternativa es la promoción de la salud sexual en la población, la cual contiene los siguientes componentes:

  1. actitud positiva, libre de prejuicios, inhibiciones y tabúes hacia el cuerpo y la sexualidad.
  2. vivencia de una sexualidad para el placer, tanto a nivel genital como no genital.
  3. ética de la sexualidad: actitud responsable hacia sí mismo y hacia la otra persona. Se refiere además al respeto hacia los derechos sexuales de la población y el respeto hacia las formas de la diversidad sexual.
  4. cuestionamiento y actitud crítica hacia las formas ideológicas, creencias, valores, discursos, etc, que se han transmitido acerca de la sexualidad.
  5. Integración de las dimensiones sexualidad y vínculos afectivos, en el sentido de que la sexualidad implica el establecimiento de vínculos con los otros.

El Consejo de Información y Educación de los Estados Unidos (S.I.E.C.U.S.), establece los siguientes objetivos para la educación sexual:

“. Suministrar al individuo un conocimiento adecuado de sus propios procesos de maduración física, mental y emocional, en relación con el sexo.

. Eliminar tensiones y ansiedades relacionadas con el desarrollo y ajuste sexuales del individuo.

. Fomentar actitudes maduras y comprensivas respecto de todas las manifestaciones del sexo.

. Proporcionar al individuo conocimiento acerca de sus obligaciones con miembros de ambos sexos y ayudarlo a entender sus obligaciones y responsabilidades para con los demás.

. Inducirlo a trabajar por una sociedad libre de males como la prostitución, los nacimientos no deseados, las leyes sexuales arcaicas, los temores irracionales y la explotación sexual.

. Estimular la comprensión necesaria para que cada individuo pueda utilizar su sexualidad eficaz y creativamente en sus diversos roles: como cónyuge, padre, miembro de la comunidad, ciudadano.” (Gindin, pag. 265)

La educación sexual debe incluir una actitud positiva, tolerante y no discriminatoria hacia la diversidad familiar y la diversidad sexual. Como lo plantea Giraldo:

“La educación sexual debería incluir la formación de una actitud no prejuiciada ni discriminatoria contra las minorías sexuales, que fomente la aceptación de sí mismo, en el caso de variedades que se salen del molde cultural. La persona que conoce las posibilidades de variación en los seres humanos y que las acepta con realismo, sin aferrarse a normas irracionales, puede aceptar los diversos estilos de vida, no sólo en cuanto a las formas matrimoniales, sino en cuanto a las variedades individuales de orientación sexual y a los modos de satisfacerse sexualmente. Un enfoque humanista de la sexualidad implica un “visto bueno” para todas las formas de autorrealización erótica, y no sólo para las que coinciden con el modelo propio. Las minorías eróticas también deben ser educadas para liberarse de la alienación, que supone la introyección de los valores diferentes o prejuiciados de las mayorías. Las minorías eróticas deben recibir, del educador sexual, apoyo para concientizarse acerca de su derecho de ser diferente, exigir respeto y aceptación como personas y, finalmente, para mantener una relación de mutuo respeto con otras minorías sexuales.” (Giraldo, 1988, pag. 268)

La pedagogía sexual comprende al menos dos acciones: la información y la transmisión de valores. “Enseñar al individuo a vivir sanamente su sexualidad quiere decir que aprenda a aceptar su propia sexualidad y la del otro, compartiéndola y respetándose mutuamente.” (Océano, IV, 1992, pag. 114)

La educación sexual debe ser un proceso continuo que acompañe al sujeto a lo largo de la vida. Esto supone la necesidad de diseñar y ejecutar programas de educación sexual formal e informal para niños, adolescentes y adultos. La educación sexual no es patrimonio exclusivo de alguna de las instituciones sociales, por tal razón, debe ser un esfuerzo conjunto de las diversas instancias socializadoras: familia, escuela, iglesia, estado, medios de comunicación social. En este aspecto, la educación sexual es una decisión política y debe ser parte de una estrategia de salud y educación públicas.

Parte fundamental de la estructura conceptual de esta didáctica alternativa es la comprensión de la sexualidad como un fenómeno multifactorial, en donde convergen factores de índole biológico, psicológico, político, cultural, etc.

  1. Ruptura metodológica

Guardando coherencia y consistencia con la ruptura epistemológica, se requiere una ruptura metodológica que trascienda el enfoque con el que se ha asumido la educación sexual tradicional. La metodología, en este caso, se refiere a la forma cómo el docente organiza la enseñanza de la sexualidad, guardando coherencia con la estructura conceptual de la temática y con la concepción de enseñanza y de aprendizaje que se maneje. La organización de los contenidos y del material, la forma como ese material va a ser “trabajado” en clase, el tipo de tareas a las que el alumno va a ser “enfrentado” durante el proceso, las diversas técnicas de enseñanza que se van a emplear, el tipo de evaluación, etc.

Un enfoque alternativo en la didáctica de la sexualidad es válido en cualquier período de edad y en cualquier contexto de enseñanza, tanto para los niños, adolescentes, jóvenes y adultos en el contexto de educación formal o en el contexto de la educación no formal.

El enfoque cognoscitivo-constructivista en educación brinda algunos elementos importantes que se deben tomar en cuenta en esta didáctica alternativa. Se mencionan seguidamente algunos de los principios que debería tener esta propuesta didáctica.

Ante todo, la didáctica de la sexualidad debe tener como regla fundamental la siguiente: Enseñar sexualidad no es sinonimo de brindar información desde el lugar del experto. Toda enseñanza de la sexualidad debe partir de las propias experiencias, conocimientos y vivencias de los alumnos o de la población con la que se esté trabajando, de tal manera que puedan integrar la nueva información con los conocimientos anteriores y con las propias vivencias. La integración entre información nueva, conocimientos y actitudes previas, análisis crítico de esas actitudes, identificación y reconocimiento de los sentimientos asociados con esas actitudes previas y con la información nueva, y una reflexión crítica de las propias prácticas sexuales. Y toda esta síntesis es un producto personal. Es frecuente que algunos docentes, con muy buena intención solicitan una “charla” o “taller” sobre el tema de la sexualidad para un grupo de alumnos. Inclusive a nivel universitario, es frecuente en la formación de psicólogos que se piense en “capacitar” a los futuros psicólogos en el campo de la sexualidad transmitiéndoles información acerca de temas de sexualidad. Estas intenciones están obviando uno de los principios claves en la didáctica de la sexualidad, y es que la enseñanza de la sexualidad debe necesariamente involucrar el análisis crítico de los valores, sentimientos, actitudes, conocimientos, y prácticas y no limitarse a la simple transmisión de información. Esto supone un análisis crítico del proceso de socialización sexual del que todos los sujetos han sido partícipes “¿o víctimas?”.

De ahí que el constructivismo puede aportar elementos significativos, pero la propuesta didáctica no puede agotarse en este modelo pedagógico, ya que incluye otros aspectos que el cognocitivismo no contempla.

Se proponen algunos procesos propios del proceso didáctico que deben tomarse en cuenta en esta propuesta alternativa de educación sexual. Esta propuesta no pretende ser exhaustiva en el sentido de hacer referencia a todos los aspectos, sino tan sólo a algunos de los más importantes.

  1. El punto de partida debe ser una revisión crítica del proceso de socialización sexual y una valoración diagnóstica de los siguientes aspectos:
  2. a) Procedimientos y técnicas utilizadas para recibir educación sexual en cada una de las instancias de socialización sexual: familia, escuela, iglesia, grupos informales, etc. En este aspecto interesa el tipo de discurso que recibió el sujeto y cómo lo recibió.
  3. b) Revisión de las principales creencias y conocimientos en torno a la sexualidad, con el propósito de identificar la introyección del discurso patriarcal de represión sexual, la presencia y vigencia de mitos y tabúes.
  4. c) Reconocimiento de experiencias o anécdotas que ilustren aspectos del proceso de socialización sexual.
  5. d) Valoración de las expectativas que los participantes tienen acerca de un curso o taller sobre Sexualidad humana. Este aspecto incluye retomar las dudas, inquietudes, temas de interés y principalmente las preguntas acerca de contenidos específicos que deseen conocer.

Este diagnóstico debe ser llevado a cabo por el grupo al cual va dirigido el curso de Sexualidad. Es el grupo el que debe hacer su propio análisis, su propia revisión y reconstrucción del proceso de socialización sexual que han vivido. Este punto de partida tiene la importancia de considerar al estudiante…

“como un ente en transformación, que aunque no depende de estructuras preformadas, su desarrollo está mediado por estímulos y agentes culturales (padres, maestros, amigos, los adultos de una comunidad). Es decir, el sujeto que aprende no es un ser puro ni abstracto. (…)…los alumnos vienen al salón de clases con un cúmulo de experiencias previas, necesidades, expectativas y visiones del mundo que pueden transformarse en formas de pensar y actuar más elaboradas y complejas.” (Abarca, 1995, pag. 100)

Ese cúmulo de experiencias previas, de expectativas y visiones del mundo son el punto de partida para una didáctica alternativa de la Sexualidad. El análisis propuesto debe tener un carácter lúdico. Para ello se le pide a los diversos subgrupos, una vez que han discutido su proceso de socialización sexual, la presentación de los resultados de su discusión mediante técnicas alternativas : dibujo conjunto, técnicas dramáticas (sociodramáticas o psicodramáticas), elaboración de canciones, etc. Los conocimientos o experiencias previas son importantes independientemente que sean erróneos o fantaseosos.

“No obstante, es a partir de la idea o concepto que él se ha formado, que empieza a interpretar nuevos conocimientos, a reflexionar y a actuar. Interpreta los nuevos datos que se le ofrecen, las nuevas ideas o los hechos, tomando como punto de partida su marco de referencia, lo que él ya conoce, porque es lo que él ha construido y tiene sentido personal.” (Abarca, 1995, pag. 82)

Esto posibilita el puente cognitivo, “el enlace entre lo que el sujeto ya conoce y lo nuevo por conocer”(Abarca,1995,pag.84) .Como lo plantea Tardiff:

“Durante la construcción del saber, es capital que las relaciones puedan ser establecidas entre las nuevas informaciones y los conocimientos anteriores del alumno.” Tardiff pag. 58) Especialmente en sexualidad, por la introyección del discurso patriarcal, “los conocimientos anteriores cumplen un rol a tal punto predominante en el aprendizaje que resisten con frecuencia a las informaciones introducidas por el docente cuando éstas van al encuentro de los conocimientos anteriores.”            ( Tardiff, pag. 58).

 

2) Si bien es cierto existe un cuerpo de conocimientos declarativos y procedurales que en el campo de la sexualidad humana el estudiante debe conocer, la organización de los contenidos debe partir de los interrogantes, intereses y vivencias de los estudiantes, información obtenida en el diagnóstico participativo. Esto posibilita que tanto los contenidos como el proceso de aprendizaje sean significativos para el estudiante.

“Las personas tratan las informaciones de una forma significativa, que las pueden convertir en conocimientos si eso forma parte de sus intenciones y que ellas están en capacidad de reutilizarlas en diversas actividades.” ( Tardiff, pag. 59). En materia de Sexualidad, el material de discusión durante las lecciones o sesiones de trabajo es significativo en la medida que responsa al diagnóstico previo y en la medida que los contenidos se relacionen con la vida cotidiana de las personas, relacionando los conocimientos declarativos con formas de vida. Esta es precisamente la función del docente, jerarquizar u organizar el material de tal manera que resulte significativo para el estudiante. Desde un punto de vista didáctico, los principios de la teoría del aprendizaje significativo son útiles para el docente : la diferenciación progresiva y la reconciliación integradora.

La diferenciación progresiva se refiere al “acercamiento gradual del estudiante con un objeto de conocimiento… no se trata de un atiborramiento de materiales sin ningún sentido, y en los cuales no se establecen relaciones significativas(…) …se escoge material que tenga gran poder explicativo, de lo más amplio y que dé una visión de conjunto a lo más simple y específico.” (Abarca, 1995, pag. 81)


En la enseñanza de la sexualidad, la diferenciación progresiva se aplica tomando como punto de partida material que se refiera a aspectos más globales, como por ejemplo : socialización sexual, historia social de la sexualidad, de dónde hemos aprendido las ideas y actitudes que tenemos de la sexualidad, sexualidad y cultura, etc. Sólo después de esta visión de conjunto es que pueden tratarse temáticas específicas. El otro principio de la teoría del aprendizaje significativo, la reconciliación integradora, “implica la capacidad de hacer conexiones entre un material y otro, entre un dato y otro, y de percibir la unidad.” (Abarca, 1995, pag. 98) Es función del docente organizar el material de modo que mantenga la unidad. Por ejemplo, a la hora de desarrollar temáticas muy específicas, como por ejemplo, problemas del orgasmo en la mujer o la disfunción eréctil en el varón, este principio de reconciliación integradora se aplica en la medida que se haga relación entre estas temáticas y los ejes centrales del curso, como por ejemplo, el encargo de la sexualidad patriarcal para los hombres y las mujeres, situación que contextualiza, ilustra y explica las temáticas mencionadas.

3) El docente debe utilizar en materia de sexualidad distintas modalidades de presentación del contenido. El modo de representación simbólico y el icónico son útiles para los fines que persigue un curso sobre sexualidad. Por ejemplo, además del cuerpo de conceptos y la teoría, se requiere el uso de dibujos, fotografías o videos que ilustran por ejemplo la anatomía sexual o disfunciones sexuales, según el tema de interés. La presentación de videos sobre sexualidad, la escucha de canciones populares que reflejan el discurso patriarcal, la revisión de fotografías, revistas sobre sexualidad, etc, constituyen un excelente material para el análisis crítico. Tomando esto en cuenta, podemos afirmar que…

“la tarea del profesor no se reduce entonces a decidir cuál tema enseña ; sino que debe evaluar las características del cuerpo de conocimientos el cual tiene que ser aprehendido por el estudiante y definir la forma de presentación y la secuencia indicada.” (Abarca, 1993, pag. 118)

4) Los contenidos y sus formas de presentación no bastan. Se requiere que el estudiante relacione esos contenidos con dos tipos de situaciones :

  1. a) el impacto que produce la nueva información con sus conocimientos anteriores, sus actitudes, sus sentimientos y prácticas. En el caso de la sexualidad, es probable que el material con el cual el estudiante interactúa produzca disonancias cognitivas y le “remueva” aspectos emocionales. Es preciso que todo eso sea “insumo” para el grupo de estudiantes, y que se disponga de tiempo para discutir y hablar de eso en la clase.
  2. b) la relación que guarda esa nueva información con la resolución de problemas cotidianos que tienen que ver con la temática. Esto se logra mediante el análisis de situaciones hipotéticas, el análisis de casos, y en la situación específica de la didáctica de la sexualidad en un contexto universitario, los casos reales que proceden de las prácticas profesionalizantes que los estudiantes están llevando a cabo proporcionan una excelente oportunidad para el aprendizaje por descubrimiento.

Esto posibilita al docente estar pendiente del proceso del grupo y no únicamente de los contenidos del curso.

5) La metodología que se emplee debe propiciar la máxima participación de los estudiantes, en el sentido de una construcción conjunta del conocimiento. Los estudiantes deben ser actores y gestores de su propio conocimiento en sexualidad, dándose así una producción grupal y una producción individual del conocimiento.

6) El docente que va a “enseñar” acerca de la sexualidad no puede limitarse a crear situaciones de aprendizaje que faciliten la adquisición de la nueva información. El docente debe haber reflexionado previamente en torno a su propio proceso de socialización sexual, sus propios valores y creencias en torno a la sexualidad, sus prácticas sexuales y asumir una posición crítica ante los diversos discursos contemporáneos acerca de la sexualidad.

“Nosotros creemos que la didáctica no debe reducirse a la pura metodología de enseñanza ni mucho menos transformarse en mera tecnología educativa (en el sentido de empleo de aparatos destinados a enseñar y aprender) sino que debe recuperar su relación dialéctica de reflexión sobre la práctica educativa realizada en un medio social concreto.” (Menín, 1992, Pag. 188)

  1. Específicamente, en el caso de una Didáctica de la Sexualidad dirigida a profesionales en educación a agentes multiplicadores, es necesario integrar tres ejes básicos en los procesos de enseñanza y en los procesos de aprendizaje.
  2. a) la estructura conceptual (los contenidos).
  3. b) la revisión de la experiencia personal (análisis de actitudes, sentimientos, ideas, etc).
  4. c) la reflexión de la práctica profesional o los niveles de intervención en el campo de la sexualidad que el docente tenga a su cargo. En esta práctica, interesa no solamente las destrezas que a nivel técnico el docente va adquiriendo en el trabajo con individuos o grupos, sino además cómo se siente y qué piensa no sólo como educador sino como persona ante las problemáticas que está tratando en su práctica profesional.
  5. CONCLUSIÓN. ¿ES POSIBLE UNA DIDÁCTICA DE LA SEXUALIDAD ?

¿Es posible educar la sexualidad ? Si tomamos en cuenta los planteamientos freudianos en torno a la pulsión sexual, podríamos decir que no es posible educar la pulsión sexual. Esta tiene sus propios caminos y desfiladeros desconocidos para el sujeto y tiene además sus propias vías de expresión que no son necesariamente de orden genital. Intentar “domar” la sexualidad, reprimirla y manipularla como una estrategia de control social es posible, pero la sexualidad sigue manifestándose aún a través de síntomas que agobian al sujeto. Tampoco es posible pretender que un programa de educación sexual va a tener como objetivos que las personas tengan una “sexualidad feliz”, ya que este concepto de “feliz” posee connotaciones ideológicas claras.

Por más completo, coherente y sistemático que sea un programa de educación sexual, aunque parta de los principios conceptuales y didácticos que se han esbozado atrás, aunque se inicie desde la infancia y continúe a lo largo de la vida, no es posible evitar el conflicto psíquico y el dilema por el que todo sujeto atraviesa por el solo hecho de vivir en cultura. El encuentro afectivo e íntimo con el Otro, la construcción de esos vínculos íntimos, la coincidencia entre mi deseo y el deseo del Otro, constituirá siempre un conflicto, conflicto entre mis deseos pulsionales y pasionales y las restricciones o limitaciones de la cultura y del Otro. Por tal razón, enseñar a vivir la sexualidad de una manera integral supone dejar claro que aunque pueda llegar a lograr un mayor conocimiento y dominio de mi cuerpo y de mi genitalidad, el dilema básico de la vida- el encuentro con el Otro, será siempre una tarea difícil, inacabada y conflictiva, especialmente el descubrimiento de que el Otro no es el objeto único de mi deseo y no podrá “llenarme” plenamente en todas las circunstancias de la vida, el descubrimiento de “no hay medias naranjas”, y de que el Otro tan sólo podrá “llenar” algunos aspectos de la vida.

Teniendo en cuenta esta aclaración, tan sólo nos quedarían los siguientes objetivos para la educación sexual :

“Proveer al individuo de un conocimiento adecuado sobre su maduración biológica y psicológica.
Eliminar temores innecesarios que interfieren en el desarrollo sexual. Enseñar a apreciar la satisfacción de las relaciones sexuales. Desarrollar actitudes sanas hacia el sexo” (Mesa, 1992, pag. 93).

Es preciso preguntarse, ¿es la sexualidad la que va a ser educada, o es el sujeto sexuado el que va a ser educado ? Esta distinción es fundamental, ya que como vimos la pulsión sexual no podrá ser educada por estar fuera del orden sociogenético, pero el sujeto sí puede y debe ser educado, orientado para que pueda manejar su sexualidad y vivirla con mayores posibilidades de desarrollo personal. Por tanto, sí es posible llevar a cabo un programa de educación sexual que contemple los principios que se han esbozado en este artículo, aunque la decisión de tal programa no sea de orden pedagógico, sino un problema de decisión política.

Para terminar, conviene citar a la psicoanalista Margarita Mesa:

“Por tanto no es posible hablar de Educación Sexual, la sexualidad no puede ser educada, lo que no implica desconocer que propiciar un espacio que permita al niño expresar su curiosidad sexual, respondiendo a sus inquietudes con la verdad, tiene efectos en él. Pero ésto no le evita lo traumático del descubrimiento de su propia sexualidad y su enfrentamiento con la única verdad : la de ser un ser en falta y por tanto un ser para la muerte.” (Mesa, pag. 99) El subrayado es mío.

 

REFERENCIAS BIBLIOGRAFIÍTAS

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Claramunt, Cecilia (1997) Casitas quebradas. El problema de la violencia doméstica en
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Gindin, Roberto (1987) La nueva sexualidad del varón. Argentina : Editorial Paidos.
Giraldo, Octavio (1988) Explorando las sexualidades humanas. México : Editorial Trillas
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Menin, Ovide (1992) La cuestión pedagógica y la universidad. En : Pedagogía y
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Argentina : Homo sapiens Ediciones.
Mesa, Margarita (1992) ¿Educación Sexual ? En : Psicoanálisis con niños. La sexualidad
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Edición Fundación Freudiana de Medellín.
Océano (1992) Enciclopedia de la Sexualidad, 4 :pp. 114-138. Barcelona : Ediciones
Oceano
Schifter, Jacobo (1989) La formación de una contracultura. Homosexualidad y Sida en
Costa Rica.
San José : Ediciones Guayacán S.A.
Tardiff, Jacques Las influencias de la Psicología Cognoscitiva en las prácticas de la
enseñanza y de la evaluación. Traducción libre de Kemly Jiménez. En : Selección de
Lecturas del curso de Didáctica universitaria,
Universidad de Costa Rica, 1997.

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